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sábado, 8 de agosto de 2015

Heces: "Prosa sobre el Respeto"

  No sé como iniciar éste post... conviene iniciar pidiéndoles disculpas a aquellos que siguen el blog, comentarles que estoy bloqueada, y que no fue intencional que la última publicación fuese tan agresiva -¿vuelvo domesticada?-. Pasé por una etapa confusa, como todos tenemos, necesitaba desestresarme pero la solución no fue caer con fiestas y noches interminables, jolgorios y parranda, para la primer semana de vacaciones, sino todo lo contrario: la segunda semana me dio toda la tranquilidad que esperaba, horas y horas tirada cual ballena varada en mi cama, viendo anime, leyendo blogs de viajes que hacía tiempo no visitaba y viendo películas. También moví el cuerpo muchísimo, pero no en bailes ni en pogos: en clases de yoga, larguísimas salidas patinando (hacía tiempo que no disfrutaba de una buena brisa, un pic nic, y los altos árboles cubriéndome del sol), y entrenando -cosa que también extrañaba-. Para mi sorpresa, la tranquilidad llegó de la mano del trabajo: imprevisto totalmente, pero fue una sútil caricia de mejillas, compartir estos últimos años de un ser querido al que tenía muy abandonado, con palabras de ancianos, tantos dulces y sabias, como necias contra mi sana rebeldía adolescente. Pude re-emprender mis ahorros y enfocar la mira en el objetivo final de éste año: tachar otra banda de la lista. Tenía dos, voy por la tercera, faltan cuatro.
  ¿Qué puedo decir?, aprendí en ésta segunda semana (y una tercera porque todavía no desconecto del modo "holiday") que no cumplí con mi objetivo de "dármela en la pera los 15 días", no por falta de oportunidades, sino porque extrañaba ésta faceta más tranquila de Doonie, más hippie y menos punk. Necesitaba descolocar mi zona de confort, romper mi rutina rebelde y odiosa y abrir las puertas a eso positivo que cada tanto me gusta ver sin sentir culpas ni creerme ciega de los horrores del mundo.
  Es algo irónico el "terminar" mi blog con tanta bronca, y re-iniciarlo con buena onda, ¿no? Éste título que ven es un borrador que llevo cargando desde principios de año apróximadamente. No sé si por falta de inspiración no lo escribí antes, lo cierto es que jamás lo abrí y pasée los dedos por el teclado como para saber si podía o no explayarme sobre el tema en cuestión, pero lo veo como algo positivo el no haberlo escrito antes... hoy, y desde hace unos días, llevo una metamorfosis interna, y lo que esperaba publicar acá es muy distinto a la perspectiva que quiero exponer ahora. Antes mi idea era arrojar una serie de escritos que estuviesen enlazados y que todos abarcaran el mismo punto conflictivo: las relaciones de pareja. Mi relación. (http://alejadadelavida.blogspot.com.ar/2015/06/heces-sobre-la-manipulacion.html)
  No se espanten, no voy a hablarles sobre eso; la idea cambió radicalmente, ahora quiero enfocar éste post al respeto general: el de los amigos, la familia, dentro de las jerarquías, los sueños, los gustos, las elecciones, la vida misma, sin que forme parte de otros textos, sino como un independiente. No quiero cambiar su forma de ver el mundo, hoy no tengo necesidad de eso como la última vez que escribí, hoy sólo necesito sentirme menos aterrada ya que son las 03:09 a.m. y la casa está en silencio, así que aprovecho para sacar a los fantasmas de mi cabeza y centrarme en algo más bonito como lo es el respeto.

  Hoy por la tarde vi un video de Mayorcete, youtuber muy recomendado español, que entre muchas otras cosas,  habló sobre el respeto a la hora de comentar sus videos e inclusive a la hora de él mismo grabar, obvio. Eso me lleva a dos puntos: el primero es que por internet todos nos creemos dueños de la verdad, somos prepotentes, maleducados, a veces se entienden mal los mensajes, pero en su mayoría utilizamos como escudo la pantalla y un avatar falso para encubrir nuestra estupidez a la hora de ser haters con alguien. Y el segundo es que: cotidianamente faltamos el respeto, y no es necesario insultar a alguien para hacerlo.
  Desde que agredimos, mentimos o estafamos, hasta que ignoramos a quien nos pide una moneda o al que le dimos un codazo por accidente y no fuimos capaces de pedirles disculpas por simple amabilidad. 
  El respeto por la intimidad, la mala costumbre de no tocar las puertas, de preguntar cosas íntimas -e insistir-, de contar un secreto. El respeto se perdió, desde mi punto de vista, en gran medida por la tecnología: compartir momentos con seres que se supone estan interesados en pasar un buen rato con uno... mientras que los celulares son invitados extras que actualizan al resto de la humanidad lo bien que la estamos pasando... mientras seguimos mirando una pantalla y alguien a quien no escuchamos nos habla.
  El respeto por el cuerpo de cada quien y a hacer lo que quiera con él. Caminar libremente por una calle sin escuchar "guasadas", tatuarse por completo sin recibir burlas, ser gordo, flaco, alto, bajo, negro, moreno, mestizo, blanco, albino, rubio o colorado sin prejuicios.
  Sentir respeto ante cualquier nacionalidad sean: chinos, judíos, musulmanes, españoles, norteamericanos, peruanos, bolivianos, paraguayos, ingleses, alemanes,  y verlos como lo que son: humanos. De cualquier religión o ideología política. De cualquier sexualidad. De cualquier género. Sean ricos, pobres o clase media. Sean discapacitados o superdotados. Verlos como a nosotros, ponernos en los zapatados del otro.
   Respetar cualquier opinión y no perjudicar a nadie. Saber que nuestra libertad de expresión termina donde oprimimos a alguien.
  Creo que ésto es todo lo que quería compartirles, mi reflexión más abierta de lo que considero "respetar".

  













Tranquilos, la punky JAMÁS se va. El respeto va dentro de mis ideales.

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